Comunicado final 2017

Una nueva edición de EncuentroMadrid llega hoy a su fin. Una edición, la decimocuarta, en la que hemos buscado entender que la belleza es una necesidad constitutiva del hombre. Así lo han puesto de manifiesto los diferentes encuentros y exposiciones y, de modo muy destacado, la conversación que hemos mantenido esta mañana con el pintor Antonio López, ayer con el poeta Davide Rondoni o el concierto homenaje a Antonio Vega y su pasión por la belleza.

EncuentroMadrid es, además – ha querido serlo siempre -, un momento en el que mirar cara a cara la realidad. Una realidad en la que la confusión, la violencia y el desmoronamiento de certezas que creíamos inamovibles se encarna en conflictos como los de Oriente Medio, la persecución de los cristianos o los profundos cambios sociales y tecnológicos que estamos viviendo en nuestros días.

Seguramente muchos de los encuentros y exposiciones han abierto en nosotros heridas que desconocíamos o creíamos ya cicatrizadas. La experiencia de las cárceles APAC en Brasil, el testimonio de los mártires reflejado en la exposición de Ayuda a la Iglesia Necesitada o el diálogo en torno al acogimiento familiar abren un camino de esperanza para todos. En cualquier circunstancia, aún en las más desfavorables, son posibles el bien, el abrazo del otro – incluso de los enemigos, como nos recordaban esta mañana los padres Ibrahim Alsabagh y Benham Benoka – y el florecer de una belleza inesperada.

Por eso parece particularmente pertinente el recorrido realizado por el padre Mauro Lepori. Él nos ha recordado que es en el rostro de Cristo donde acontece la belleza que permite al hombre recomenzar en cualquier situación en la que se encuentre, por difícil que sea. Ésta belleza se hace carne hoy en la vida de la Iglesia, a través de todas las limitaciones de sus miembros. Es una belleza desarmada que se ofrece al mundo y que puede sanar sus profundas heridas, tan patentes en este momento de la historia. De hecho, EncuentroMadrid es un lugar donde se viene haciendo realidad una historia de amistad sencilla y sin pretensiones con personas de muy diversas procedencias culturales.

La forma alegre y gratuita en que se ha desarrollado una vez más el trabajo de seiscientos voluntarios, la presencia de cientos de familias con sus hijos, y el asombro que estos han manifestado al participar en la exposición infantil, conforman también un gesto que interpela a nuestra ciudad común y la enriquece.

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