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“Del amor nadie huye”: cuando la justicia afirma el valor del hombre por encima de su mal

EncuentroMadrid ha clausurado la edición de este año presentando la experiencia del método APAC en cincuenta cárceles de Brasil, una iniciativa apoyada por la justicia de este país que ha reducido drásticamente la reincidencia, la corrupción y la violencia en los últimos años. Un ex presidiario, un magistrado y uno de los fundadores han mostrado cómo es posible una ejecución de la pena en la que confluyen el bien del Estado, la sociedad y el recuperando, partiendo de la premisa de que el crimen y el hombre que lo comete no son la misma cosa.

¿Es posible un sistema penitenciario en el que la sociedad se regenere  haciendo la vida más justa para víctimas y delincuentes? Después de lo vivido en el Teatro Auditorio de la Casa de Campo en Madrid esta tarde, en acto de  clausura de EncuentroMadrid, cabe decir que sí.

El método APAC (Asociación de Protección y Asistencia a los Condenados) nace como respuesta a la situación de abandono, corrupción y violencia que asola la mayoría de cárceles en Brasil, ofreciendo un tratamiento personalizado al recuperando por parte de funcionarios y voluntarios conscientes de que “no hay ni un solo error que un hombre cometa que otro no sea capaz de cometer”. Este proyecto, nacido de la experiencia del movimiento católico Cursillos de Cristiandad, se está extendiendo a varios países de todo el mundo, pues está produciendo resultados efectivos en la sociedad brasileña, como la reducción drástica de la reincidencia en unos reclusos que viven en unas cárceles sin guardias, armas, violencia, droga ni corrupción.

Valdeci Antonio Ferreira, presidente ejecutivo de APAC, ha señalado que su primer llamamiento es a la sociedad para que “toquen las heridas abiertas que hay en las cárceles aún sabiendo que al hacerlo se reabrirán también las suyas”. Estas heridas no son fáciles de curar, pues “los presos que llegan a la cárcel lo hacen destruidos física, psíquica y espiritualmente”. Respecto a su principal tarea, Ferreira destaca que consiste en “arrancar un corazón de piedra y poner uno de carne a través de la realidad”. Y para ello, una vez que los recuperandos son plenamente conscientes del mal que han cometido, les ayudan “a descubrir que son más grandes que su crimen” pues “el crimen y el hombre que lo comete no son las misma cosa”.

Luis Carlos Rezende e Santos, magistrado de la justicia brasileña, comenzaba su intervención asegurando que “la eficacia del sistema penal se mide por la eficacia de la pena, la cual tiene como beneficiarios al Estado, la sociedad y el delincuente”. Sin embargo, la experiencia mayoritaria en las penas privativas de la libertad es que “el Estado enclaustra, la comunidad culpa y el preso muere socialmente”. Rezende ha reconocido que apoya y abraza esta causa porque los jueces están asistiendo “a una verdadera resurrección de los vivos”.

Resurrección como la experimentada por Roberto Carvalho “Beto”, ex presidiario en una cárcel APAC y actual gerente de la FBAC (Federación Brasileña para la Asistencia a los Condenados). Beto ha conmovido a los asistentes al contar su experiencia desde niño: deseaba tener una profesora en lugar de una madre para poder escapar del ambiente marginal en el que se criaba, del que salió para cumplir una condena de 25 años tras varios delitos y escarceos con las drogas. El propio Beto ha afirmado que, al ser trasladado a un centro APAC desde otra penitenciaría, lo que más le sorprendió no fue tener una cama para él solo o que no hubiera drogas ni que la gente no se peleara, sino que “ninguno de los cien reclusos quería huir de ahí”. Pese a seguir “dividido entre el bien y el mal”, Beto tomó la determinación de cambiar su vida tras un encuentro religioso en el que cayó en la cuenta del dolor que llevaba años provocando a su madre. Sin embargo, este cambio no fue inmediato: “Pasaron siete años desde que decidí cambiar hasta que salí de la cárcel. Tenía que pagar lo que hice a la sociedad”. Hoy padre de familia, Beto ha terminado poniendo en pie a los asistentes para que rezaran junto a él pidiendo protección para su familia y las de los recuperandos, y dando gracias a Dios por no haberle escuchado cuando pedía una profesora en lugar de su madre: “Él, en lugar de regalarme una madre, me regaló una santa”.

Valdeci, que señaló que estos días en EncuentroMadrid han supuesto para él “un encuentro de los que marcan la vida”, afirmaba emocionado que ha contribuido con su vida a construir “un camino de flores para que Beto encuentre la felicidad”. Una contribución que no ha sido nada sencilla: “He renunciado a muchas cosas en mi vida por esta tarea, pero convencido de que el amor nunca fracasa. El amor, y sólo el amor, es capaz de recuperar al hombre”. Un amor que es fruto de una mirada distinta, como la del hijo del juez Rezende e Santos, quien tras su primera visita a un centro APAC, dijo a su padre “Ellos no pueden ser ese mal que me cuentas”. Luiz Carlos, aquella noche, aprendió que “todos necesitamos mirar al prójimo sin prejuicios, como lo hace un niño de ocho años”.

 

 

 

 

Comunicado final 2017

Una nueva edición de EncuentroMadrid llega hoy a su fin. Una edición, la decimocuarta, en la que hemos buscado entender que la belleza es una necesidad constitutiva del hombre. Así lo han puesto de manifiesto los diferentes encuentros y exposiciones y, de modo muy destacado, la conversación que hemos mantenido esta mañana con el pintor Antonio López, ayer con el poeta Davide Rondoni o el concierto homenaje a Antonio Vega y su pasión por la belleza.

EncuentroMadrid es, además – ha querido serlo siempre -, un momento en el que mirar cara a cara la realidad. Una realidad en la que la confusión, la violencia y el desmoronamiento de certezas que creíamos inamovibles se encarna en conflictos como los de Oriente Medio, la persecución de los cristianos o los profundos cambios sociales y tecnológicos que estamos viviendo en nuestros días.

Seguramente muchos de los encuentros y exposiciones han abierto en nosotros heridas que desconocíamos o creíamos ya cicatrizadas. La experiencia de las cárceles APAC en Brasil, el testimonio de los mártires reflejado en la exposición de Ayuda a la Iglesia Necesitada o el diálogo en torno al acogimiento familiar abren un camino de esperanza para todos. En cualquier circunstancia, aún en las más desfavorables, son posibles el bien, el abrazo del otro – incluso de los enemigos, como nos recordaban esta mañana los padres Ibrahim Alsabagh y Benham Benoka – y el florecer de una belleza inesperada.

Por eso parece particularmente pertinente el recorrido realizado por el padre Mauro Lepori. Él nos ha recordado que es en el rostro de Cristo donde acontece la belleza que permite al hombre recomenzar en cualquier situación en la que se encuentre, por difícil que sea. Ésta belleza se hace carne hoy en la vida de la Iglesia, a través de todas las limitaciones de sus miembros. Es una belleza desarmada que se ofrece al mundo y que puede sanar sus profundas heridas, tan patentes en este momento de la historia. De hecho, EncuentroMadrid es un lugar donde se viene haciendo realidad una historia de amistad sencilla y sin pretensiones con personas de muy diversas procedencias culturales.

La forma alegre y gratuita en que se ha desarrollado una vez más el trabajo de seiscientos voluntarios, la presencia de cientos de familias con sus hijos, y el asombro que estos han manifestado al participar en la exposición infantil, conforman también un gesto que interpela a nuestra ciudad común y la enriquece.

“No somos nosotros los que mantenemos viva la fe, es la fe la que nos mantiene vivos a nosotros”

El padre Ibrahim Alsabagh es desde 2014 párroco en la iglesia de San Francisco de Asís y responsable de la comunidad latina en Alepo, una de las ciudades más martirizadas por la guerra siria. El padre Behnam Benoka es sacerdote iraquí, sirocatólico si atendemos al rito de la Iglesia a la que pertenece. Lleva años compatibilizando su trabajo en Erbil, en el kurdistán iraquí, a donde se han desplazado casi la totalidad de la comunidad cristiana del país, con su presencia en distintos países para contar su testimonio. Ambos han dado su testimonio en el acto “Una belleza que construye historia. Crónicas de guerra y esperanza desde Siria e Irak”.

“Nuestras escuelas están destruidas. No hay hospitales, las iglesias se derrumban, no tenemos electricidad y llevamos 70 días sin agua. Acudir a los pozos más cercanos nos supone cuatro horas a pie. Estamos malnutridos, enfermos y el 85 por ciento de la población está en paro. Por eso dos tercios de los habitantes se ha lanzado al mar: para huir de una situación insostenible”. Con este crudo relato de la realidad de su país natal ha comenzado el padre Ibrahim Alsabagh, que actualmente atiende a la comunidad latina de Alepo, una de las ciudades más martirizadas por la guerra siria. Pero su ponencia en el acto “Una belleza que construye historia. Crónicas de guerra y esperanza desde Siria e Irak” no ha sido únicamente alarmista. Si bien ha querido explicar la difícil situación que atraviesan tanto los refugiados como los que han permanecido en el país, el franciscano ha afirmado que su pueblo se siente “tranquilo en las manos de un Padre que nos mira con ternura”: “Sólo la fe nos permite vivir aquí. No pensamos en el futuro, el hoy nos basta”.

En una conversación moderada por José Luis Restán, director editorial de la cadena COPE, tanto el padre Ibrahim como el padre Behnam Benoka han destacado la fuerza de la fe para sostener sus respectivas comunidades. “Pero no somos nosotros quienes mantenemos viva la fe, sino que es la fe la que nos mantiene vivos a nosotros, la que nos da sentido. Estamos viviendo un milagro; estamos viviendo por un milagro”, ha explicado Benoka, sacerdote sirio-católico que durante la salida de los cristianos de Mosul, a causa de los fuertes ataques del Estado Islámico, creó el sistema Sanitario de los campos de refugiados, gestionando el cuidado de los enfermos. “Vemos, por la historia, que la Iglesia es una planta débil, que ha sido devastada tantísimas veces… Pero nadie ha podido arrancar esta planta. Por eso la historia refuerza nuestra fe, y encontramos consuelo en el abandono y la contemplación de la belleza de Jesucristo; una belleza que vemos en los rostros de todos los que sufren”, ha añadido el padre Ibrahim.

Tras contextualizar la situación geopolítica de Irak (enmarcado entre Turquía, Siria, Jordania, Arabia Saudí e Irán), el padre Benoka ha querido también lanzar un aviso: “Los musulmanes nos dicen que o nos convertimos al Islam o morimos. Los fundamentalistas no son sólo un pequeño grupo, sino que son la base, la gente común. El plan del Estado Islámico es atacar a los cristianos partiendo de los ciudadanos de a pie, ¡incluso occidentales!”. Planteaba el religioso la duda de si la tolerancia occidental ha ido demasiado lejos: “Nosotros éramos tolerantes y ahora los cristianos hemos sido reducidos a cenizas. Nunca podrá haber paz sin justicia. Los cristianos nunca hemos pronunciado la palabra ‘venganza’, pero aunque quisiéramos, sería imposible llevarla a cabo”.
De la venganza ha hablado también Alsabagh. Porque ¿cómo no sentir el deseo de venganza cuando matan a tu padre, raptan a tu hijo, destruyen tu casa y caen misiles que arrebatan la vida de tus hijos? “No es una tentación fácil de superar, pero la Iglesia interviene y nos recuerda el camino: ‘Bendice al que te maldice’. Así que nosotros pedimos por los musulmanes, pedimos por los componentes del Estado Islámico. Porque la única solución pasará por la conversión de sus corazones”. En este momento, el padre Ibrahim se ha emocionado de agradecimiento, al recordar el enorme apoyo que recibe: “Yo siento la mano de Dios que se me ofrece con ternura a través de vosotros, a través de la Iglesia y de todos los que rezáis por los cristianos perseguidos. Precisamente la experiencia de este gran sufrimiento nos ha permitido descubrir la belleza de la comunión de la Iglesia, de vuestros corazones, colaboradores nuestros en la misión. Nos sentimos amados”.

“No hay verdadera belleza sin la herida abierta del costado de Cristo”

El obispo auxiliar de Madrid, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, ha presidido esta mañana una eucaristía en EncuentroMadrid.

“¿De dónde nace la Iglesia? De la herida del costado de Cristo”. Esta ha sido la afirmación central de la homilía de monseñor Martínez Camino a los organizadores, voluntarios y participantes en el EncuentroMadrid, en referencia al lema que preside los actos de este año, “Heridos por la belleza”.

“La Iglesia no ofrece al mundo un sentido, sentido ofrecen mucho hoy. La Iglesia ofrece al mundo una sangre, que es el sentido de los sentidos”, ha añadido. “Por eso nosotros tenemos esperanza ante la fealdad de nuestro pecado, no por una utopía sino por esta esperanza que nace de la herida del costado de Cristo. Una belleza herida y una belleza que nos hiere, porque nosotros somos seres heridos”.

Martínez Camino ha manifestado su gratitud a la “gente contenta” del EncuentroMadrid, incluso ha hecho un guiño al cierre de los accesos a la Casa de Campo de Madrid esta mañana debido a la celebración de una maratón. “Entró Jesús en la casa donde estaban los discípulos, estando las puertas cerradas, dice el Evangelio. Igual que nosotros entramos hoy aquí por él, a pesar de que también estén cerradas las puertas de la Casa de Campo”.

Esta eucaristía se ha celebrado en un Teatro Auditorio repleto donde Rafael Gerez, presidente del EncuentroMadrid, ha expresado “nuestro agradecimiento a la presencia del obispo auxiliar y nuestra disponibilidad para estar al servicio de la Iglesia en Madrid”.

“El arte de educar”

El sábado, 22 de abril, asistieron a EncuentroMadrid los directores de tres centros educativos de la Comunidad de Madrid: Clara Fontana, del Colegio Internacional Kolbe; Ángel Serrano, del Centro de Formación Padre Piquer; y Francisco Romo, del Colegio San Ignacio de Loyola, para dialogar sobre “el arte de educar”. Llegaron acompañados de estudiantes y profesores de los centros, con el fin de dar voz a los protagonistas de este arte.

Ignacio de los Reyes, profesor de filosofía, ha presentado y moderado este encuentro, en el que cientos de asistentes se reunían para escuchar el diálogo sobre “cómo es posible educar”. El acto se ha dividido en tres grandes preguntas: ¿es posible educar?, ¿puede alguna propuesta educativa interesar a los adolescentes de hoy?, ¿cómo puede resurgir la persona en nuestros ambientes educativos?

Ángel Serrano, director de un centro en el que conviven una treintena de nacionalidades y una decena de religiones, explicaba que su proyecto educativo refleja que el estudiante –al contrario de lo que se suele creer– no es dependiente para siempre de su contexto, sino que puede soñar con un futuro distinto.

Su respuesta a la primera pregunta es taxativa: “es posible”. Es posible educar, también en contextos tan heterogéneos, porque sabemos cuál es nuestro principal tesoro: “el grupo de profesores excelentes, que atienden con vocación, amor, profesionalidad y pasión a los estudiantes cada día, siendo capaces de encontrar la belleza donde aparentemente no la hay”.

Francisco, antiguo alumno de este colegio, estudia actualmente 4º de medicina, y describía la experiencia de los años en el Padre Piquer como “una preparación para la vida”. Explicaba que aprendió a vivir con gente muy diferente a él, y que de esos años recuerda cómo los profesores vieron en él cualidades que otros no habían sabido ver.

Ahora bien, ¿puede alguna propuesta educativa interesar a los adolescentes de hoy? Para ello, Francisco Romo ha dado paso a dos estudiantes de su colegio a contar su experiencia. Natalia, de 1º de Bachillerato y recién llegaba al colegio, contaba que “es nuestra decisión vivir el bachillerato como una caseta de peaje o no”, y explicaba quees la primera vez que ha vivido la relación con un profesor como un guía que le ayuda, en vez de como un enemigo. Ha impresionado al público al afirmar que “el Quijote me ha acompañado, y Cervantes ha conseguido que una chica se involucre con la lectura, me ha entendido y me ha resuelto muchos problemas que ninguna persona había logrado”.

María, estudiante también de Bachillerato, nos hablaba de cómo puede interesar una propuesta educativa: “gracias a las cosas que me enseñan puedo disfrutar de la cosas más que nunca”.

Por su parte, Clara Fontana recordaba que la educación es la comunicación de uno mismo, es comunicar la belleza de la vida, siendo “imposible enseñar a caminar si uno no camina”. Macarena, profesora del Colegio IntenacionalKolbe, respondía a la tercera pregunta en primera persona: “mis estudiantes pueden entender que ser corregido es un bien si ven que también lo es para mí (…), si ven que yo tengo cada día que formarme y aprender”.

Mónica, antigua alumna del centro y actualmente profesora de Educación Infantil, ha transmitido la belleza de esta profesión, afirmando que merece la pena embaucarse en ella si descubres que es tu vocación. Cerraba su intervención haciendo referencia a este primer año como maestra: “se pasa del cansancio al disfrute diciendo que sí a lo que tengo delante en el trabajo, y teniendo en la memoria lo que he vivido en mi colegio”, experiencia que despertó su vocación.

Un acto que ha puesto de manifiesto cómo solo hay educación allí donde se presta atención a las necesidades de la persona, queriendo salir a su encuentro. Y esto se hace con pasión por lo que se enseña y con vocación de ayudar a los estudiantes a entender la realidad, despertando preguntas y acompañando en la búsqueda de respuestas.