Más de cinco mil personas han participado en una nueva edición de EncuentroMadrid, con el lema “En busca del rostro humano”. En un momento de gran confusión sobre la identidad de la persona, en el que algunas corrientes se han esforzado por desmontar la imagen del hombre, hemos verificado que la exigencia de significado está dramáticamente presente en todos los aspectos de la vida. Este año EncuentroMadrid buscaba profundizar en aquello que, en acto, nos ayuda a descubrir y recuperar ese rostro humano que convierte a cada persona en única.

Joseph Weiler abría la primera intervención del fin de semana lanzando una provocación: el camino para recuperar los rasgos del rostro humano no consiste en un esfuerzo analítico o de introspección, sino en vivir la relación con los otros y con Dios. Ese camino es el que recorrió el pintor Georges Rouault para mostrar, a través de los rostros dolientes de sus personajes, el alma que les constituye.

Hemos revivido la apasionante aventura de Václav Havel y los disidentes en la Europa del Este, que decidieron “vivir en la verdad” desafiando la mentira del régimen totalitario. A treinta años de la caída del Muro de Berlín su historia nos parece aún más pertinente para responder a la necesidad de una generación nacida en el contexto del nihilismo, para que Europa pueda reverdecer desde su raíz original.

También nos hemos dejado tocar por el drama de los migrantes y refugiados que llaman a nuestra puerta a través de sus rostros y sus historias. Su deseo de una vida buena para sus familias, su esperanza en un bien que corresponda a su anhelo, les ha permitido atravesar obstáculos y peligros inimaginables, y nos invita a construir con ellos y a reconocer que el absurdo y la violencia jamás definen quién es la persona. Por el contrario, entrever el rostro del otro abre el camino al perdón y a la reconciliación, como nos han testimoniado Mikel Azurmendi, Alberto Franceschini y Juan Manuel Cotelo, que atravesaron la dura experiencia de la violencia.

La preocupación educativa ha estado presente un año más en EncuentroMadrid. El rector de la Universidad Autónoma de Madrid, Rafael Garesse, reivindicó la belleza y la sabiduría como dimensiones esenciales de la educación. Por su parte, para el matemático Laurent Lafforgue, nuestra sociedad ya no sabe qué transmitir y por qué transmitir, y esto refleja su falta de esperanza. Lejos de sumirnos en el lamento esta situación nos provoca a vivir una pasión educativa en todos los ámbitos en que estamos presentes, poniendo en juego la certeza que hemos encontrado: que la vida es respuesta a un Tú que nos ama, que nos llama y acompaña en cualquier circunstancia.

Esa es la experiencia que la Iglesia custodia y comunica a través de los siglos. El secretario de la CEE, Mons. Luis Argüello, subrayó que en este momento de caída de las certezas compartidas por nuestra sociedad se abre una oportunidad extraordinaria para el anuncio de Cristo saliendo al encuentro de la nostalgia de verdad, de libertad y de dignidad de nuestros contemporáneos.

En definitiva, EncuentroMadrid 2019 ha sido un lugar privilegiado donde tomar conciencia de nuestra humanidad y donde caer en la cuenta de que nuestro yo es siempre un “ser-en-relación” con otros y Otro.

La vocación de EncuentroMadrid es ser un espacio de encuentro y de simpatía por la búsqueda de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, donde, a través de las mesas redondas, exposiciones y conciertos y, de modo particular, a través del trabajo de los voluntarios, se ha manifestado la vida del pueblo cristiano en todas sus dimensiones y en el que el reto de la pregunta “¿dónde y cómo hemos hallado nuestro rostro humano?” queda abierto para todos.

Madrid, 6 de octubre de 2019

FacebookTwitterPinterestWhatsAppShare