A lo largo de tres intensas jornadas los participantes en EncuentroMadrid 2022 hemos intentado verificar el desafío planteado por el lema de esta edición: con el dolor arrastrado por la pandemia, con la incertidumbre suscitada por la crisis energética y económica, con la injusticia de una guerra cruel en las fronteras de Europa, ¿es posible no huir de las circunstancias y entrar apasionadamente en la carne de la realidad que nos toca vivir?

Frente a la imagen de la religiosidad como huida de la realidad, que han proyectado algunas ideologías, el sacerdote milanés Luigi Giussani, de cuya figura hemos hecho memoria en este EM, decía que “la única condición para ser verdaderamente religiosos es vivir intensamente la realidad”. Cuando entramos a fondo en la densidad del trabajo, en el drama de los refugiados, en el miedo que provoca la enfermedad, o en el sinsentido de la guerra, surge necesariamente la pregunta por el significado de todo. De hecho, como hemos comprobado en tantos testimonios, “vivir lo real implica la posibilidad de encontrar aquello que es su sentido”.

En esta edición hemos afrontado la exigencia de verdad y de justicia que suscita la invasión de Ucrania. La paz que anhelamos y pedimos, siguiendo el tenaz reclamo del Papa Francisco, sólo puede establecerse sobre esa base. Nos provoca especialmente el reclamo que la lucha del pueblo ucraniano supone para Europa: recobrar su identidad más genuina, que consiste en que todas sus realizaciones históricas sean cuestionadas a la luz del valor infinito de la persona. En efecto, es la persona, con su evidente fragilidad y con su misteriosa dignidad, el punto firme desde el que se puede volver a empezar siempre.

Personas como Magallanes, Elcano y los marinos que realizaron la primera vuelta al mundo en pos del ideal, de una satisfacción plena que no pueden ofrecer el dinero, la fama ni la gloria del mundo. La exposición dedicada a esta verdadera epopeya histórica ha sido visitada por cientos de personas, fascinadas por el trasfondo de esta bella y dramática historia. La persona es también el punto firme que puede resistir frente al totalitarismo, la que puede reparar el daño provocado por la injusticia y la que puede ofrecer ese misterio que es el perdón, como documenta la obra de teatro “La mirada del otro”.

Pero la persona sólo crece y se sostiene dentro de una compañía que despierta sus preguntas, aviva sus deseos y le señala el rumbo en medio de las tormentas. Esto ha sido patente en los actos dedicados al reto de la educación, a la acogida familiar, al trabajo o a la respuesta a la crisis de los refugiados en diferentes lugares del mundo.

En el acto dedicado a la figura de Luigi Giussani, el presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación, Davide Prosperi, subrayó la pasión de este sacerdote por todos los aspectos de la realidad, su provocación constante a vivir a la altura de los deseos del corazón humano. Con el eco del reciente encuentro de Comunión y Liberación con el Papa Francisco, recalcó que Giussani es ya patrimonio de toda la Iglesia y de la sociedad. Ciertamente, EM no existiría sin la vida que él nos ha comunicado y que nos ha permitido un año más estar en medio de nuestra sociedad, acoger sus preguntas y ofrecer con libertad el testimonio de una humanidad modelada por la experiencia de la fe.

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