Kenia Flores, voluntaria de Comunicación

Juan es ingeniero informático, pero este fin de semana ha cambiado el ordenador de la consultoría en la que trabaja por los guantes de obra para dar su tiempo como voluntario. Como él, otras 680 personas, un record histórico, han cambiado sus profesiones por un fin de semana para sostener con su trabajo desinteresado la XVª edición del Encuentro Madrid, unos de los eventos culturales más frecuentados del ocio madrileño.

Ingenieros que trabajan recogiendo basura, abogados o sociólogos que se enfundan el uniforme de azafatos y acompañan a los ponentes invitados a los encuentros como si fuera algo que llevan haciendo toda la vida, farmacéuticos que hacen fotos y alguno que otro, no muchos, que alargan las labores de su día a día profesional hasta el fin de semana de forma totalmente gratuita.

Algunos vienen por primera vez, otros llevan años haciéndolo, pero todos coinciden en una cosa: dando su tiempo de esta manera son mucho más felices. “Trabajando aquí entiendo lo que es la vida, aquí me doy cuenta en primera persona de que la vida está para darla, y que dándola estoy mucho más contenta” dice Marina, voluntaria de protocolo.

Durante estos días, he hablado con muchos voluntarios en el Encuentro Madrid, con mis compañeros de comunicación, con los chicos de restauración, con los azafatos, o con los amigos que me he ido encontrando por el pabellón de Cristal de la Casa de Campo y he aprovechado para “sacarles” algunas frases para esta crónica. Y no lo he dicho mal, me he encontrado con amigos, porque, como me decía Marco, un italiano que ha pasado el fin de semana con nosotros grabando videos, todas estas personas tienen como yo “una tensión ideal a hacer que todo en la vida sea bonito, porque están enamorados de la Belleza”. O como me escribía Almudena que ha estado en el puesto de chuches: “Es bello poder encontrarte con personas que comparten el mismo deseo que tengo yo de tener una vida grande”. O Carlo, fotógrafo italiano: “Todos tenemos la esperanza de que los días no sean vacíos, iguales a tantos, llenos sólo de cosas que hacer. Ha sido asombroso ver como todo lo que ha ocurrido estos días ha ido despertándome el corazón a cada momento, ahora en casa, me doy cuenta de que puedo vivir un Encuentro Madrid todos los días”.

Siempre me impresiona que cada año, el Encuentro Madrid se sostiene casi únicamente con el trabajo de los voluntarios. Personas que responden a la llamada de un amigo, o a un encuentro como me contaba Chema, al que entrevisté bolsa de basura en mano el domingo por la mañana: “La primera vez que vine me pareció algo muy interesante y salí con el deseo de que toda mi familia y mis amigos pudieran venir también. Me contaron que todo esto se sostiene con gente que da su tiempo gratuitamente y decidí venir yo también de voluntario. Esto es un gran bien que la gente necesita conocer”.

La gente necesita conocer lugares como este. Lugares en los que casi 700 personas trabajan de forma gratuita y siempre con una sonrisa en el rostro. Lugares donde se respira esperanza y se respeta la libertad. Lugares donde, como decía Rafa Gerez en el comunicado final, “cuando el cristianismo se experimenta como presencia real, viva y tangible, es una propuesta que interesa a todos y que nos permite introducirnos con esperanza en las provocaciones de este momento histórico lleno de incertidumbres” y en el que es raro ver a tantas personas juntas trabajando para construir algo bueno. Este fin de semana, hemos construido algo muy bueno entre todos. Gracias voluntarios.

 

 

 

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