Edición 2018

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Edición 2018
Por la libertad se puede y debe aventurar la vida«La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida».

Pocos pasajes del Quijote suenan tan actuales como este dedicado a la libertad. Joseph Ratzinger afirmaba hace algunos años que «en la conciencia actual de la humanidad, la libertad aparece en gran medida como el bien supremo por excelencia». Esta conciencia ha plasmado la tradición occidental con su triple herencia, griega, judía y cristiana, y ha dado lugar a la gran construcción civil de la democracia occidental que, a pesar de sus límites y cansancios, ha de ser revitalizada y sostenida.

Refleja asimismo la urgencia que todos experimentamos de ser verdaderamente libres. No nos basta saber de manera teórica qué es la libertad si después, en la vida cotidiana —personal y social— nos sorprendemos atrapados por numerosas servidumbres. La necesidad de ser libres nos define como personas y nos une a todos en la búsqueda de su satisfacción, también a quienes quieren cumplir ese deseo de formas descabelladas o a quienes parecen haber cedido ya al escepticismo.

El anhelo de libertad es irrenunciable y, al mismo tiempo, pone de manifiesto una de las grandes paradojas de nuestra existencia y de nuestro tiempo: la capacidad de elección —algo precioso e ineludible— no basta para hacernos experimentar la libertad de manera que, viviendo, podamos decir «soy libre».

Para muchos de nosotros, occidentales de nuestro tiempo, nunca ha existido una época con menos ataduras e imposiciones y, sin embargo, como escribe el poeta Jesús Montiel, advertimos sin cesar «un arrastrar quejoso de cadenas detrás de cada hombre que camina». Las promesas traídas por el viento de las ideologías nos han dejado un sabor amargo, mientras descubrimos que la ausencia de vínculos no nos permite hacer experiencia de una libertad verdadera. Por el contrario, sólo a través de una pertenencia concreta, a través de relaciones en las que nuestra humanidad se implica, empezamos a reconocer el gusto inconfundible de la libertad.

En esta edición de EncuentroMadrid queremos preguntarnos: ¿es posible que la aspiración a la libertad que nos mueve encuentre respuesta? ¿Cuándo somos libres de verdad? ¿Dónde podemos encontrar experiencias de libertad y satisfacción real que nos rescaten del escepticismo?

Cualquiera que sea la circunstancia en que nos encontremos, el deseo de libertad permanece y la realidad nos sigue presentando ejemplos de personas que viven libremente: un compañero de trabajo que no responde con odio al odio que recibe; un familiar que afronta la enfermedad con una positividad que nos sorprende; un político que vive su dedicación a lo público como un servicio al bien común; un grupo de empresarios para quienes su trabajo es mucho más que el resultado del balance trimestral; o el testimonio de tantos hombres y mujeres dispuestos a afrontar la muerte para permanecer fieles a la fe que es su única y verdadera riqueza.

EncuentroMadrid 2018 quiere aventurarse y profundizar en esta experiencia que nos hace a todos menos extraños: el amor a la libertad.
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14 OCTUBRE, 2018Cuando se cumplen 50 años de la revolución de Mayo del 68, que puso en cuestión un orden social en el que muchos jóvenes no encontraban respuesta a sus deseos de verdad, justicia y libertad, EncuentroMadrid ha querido afrontar el significado y valor de esa libertad por la que se puede y debe arriesgar la vida.

En estos días no hemos teorizado sobre la libertad sino que la hemos reconocido en los rostros y las historias de hombres y mujeres que la viven dentro de todo tipo de circunstancias. Amigos como Mikel Azurmendi y Teo Uriarte, que se liberaron de la ideología para dar crédito a hechos llenos de verdad que merecían ser atendidos. Testigos como el obispo Juan José Aguirre, que decide permanecer junto a su pueblo en medio de grandes peligros, dispuesto a perdonar y a volver a empezar una y otra vez. Así hemos entendido que la libertad se aprende viendo vivir a personas libres.

Los diálogos y encuentros de estos días nos han mostrado también que la libertad no puede separarse del reconocimiento de un bien presente, que la verdadera libertad es a la vez apertura y vínculo con los otros. Y que esta libertad merece ser defendida y promovida en todos los ámbitos. En nuestra historia reciente los españoles vivimos la experiencia de un abrazo y de una reconciliación que se plasmó en la Constitución del 78, de la que ahora se cumplen 40 años. Hemos hecho memoria de aquellos días y hemos entendido que aquel edificio jurídico y político ha custodiado el ejercicio de las libertades en España, pero no se sostendrá en pie sin el protagonismo de personas y comunidades que vivan hoy la misma experiencia que estuvo en su origen y en la que subyacía la afirmación de que el otro es un bien.

El periodista Pedro G. Cuartango y el presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación, Julián Carrón, en un intenso diálogo han puesto de manifiesto que, en este momento histórico convulso, una aportación sustancial del cristianismo es favorecer espacios de libertad donde compartir diferentes experiencias de vida. Es algo que han reflejado con claridad los diversos actos, exposiciones y espacios de convivencia de este EM18, donde personas de diversas tradiciones se han visto valoradas y acogidas, enriqueciendo una historia que ya cumple 15 años.

Para los jóvenes del 68 Dios había dejado de ser objeto de deseo, provocando su alejamiento de una tradición que ya no sentían correspondiente a su búsqueda. Ellos percibían un cristianismo reducido en buena medida a discurso moral y a la propuesta de unos valores abstractos. En este EM18 hemos verificado una vez más que cuando el cristianismo se experimenta como presencia real, viva y tangible, es una propuesta que interesa a todos y que nos permite introducirnos con esperanza en las provocaciones de este momento histórico lleno de incertidumbres.