El movimiento estudiantil del 68 fue una explosión de algo que venía de antes. El canto es la expresión del alma humana. Todos los hombres de todos los tiempos han expresado su sentir en canciones: el deseo, el corazón, que como en ningún lugar del mundo tienen su voz en las canciones.

El recorrido del concierto que hemos disfrutado la segunda noche del EncuentroMadrid estaba muy pensado. Entre las notas de cada canción aparecía toda una generación queriendo un cambio. La temática, los temas que latían bajo aquel mayo del 68, estaba presente en sus cantos: la identidad, el amor libre, el pacifismo… El espectáculo pretendía poner delante las preguntas de toda esta generación y hacer juntos un camino: el camino de las intuiciones, deseos y esperanzas de esta generación.

Comenzamos con una canción de Bob Dylan; suenan los acordes de The times they are a-changin. Son tiempos de cambio; todos deben oírlo y todos están llamados a ello. El cantautor catalán Paco Ibáñez protagoniza la segunda canción, La mala reputación, un canto a la libertad, a ser uno mismo. (Yo no pienso pues hacer ningún daño / queriendo vivir fuera del rebaño. / No, a la gente no le gusta que / uno tenga su propia fe). El hombre siente la necesidad de ser él mismo, de tener su propia voz y lo vemos en Diguem no, del cantante valenciano Raimon. Ha visto pisoteada su identidad y grita no: “Hemos visto que han hecho callar / a hombres llenos de razón. / No, / yo digo no, / digamos no. / Nosotros no somos de ese mundo). Hay una intuición, un anhelo, una pregunta latente: nosotros no somos de este mundo.

El siguiente bloque, de tres canciones, es un homenaje al Che Guevara. La primera, Hasta siempre, comandante, de Carlos Puebla, es una canción llena de afecto al Che Guevara (la entrañable transparencia, de tu querida presencia / comandante Che Guevara). La añoranza de alguien que albergue todos los ideales está latente. Llega Damunt d´una terra de Lluís Llach, un tierno canto a la lucha, a mirar hacia lo alto, a no conformarse. (Muchacho, no seas anarquista / vete a la conquista / del honor más alto, / que tendrás a tu lado la fuerza / que nos lleva al orden / y nos permite la paz). En ambas canciones predomina la idea de levantarse y luchar. El muchacho de la segunda canción acaba uniéndose a la lucha a la que lo llaman. Para finalizar esta triada, la bellísima balada Te recuerdo Amanda, también de Víctor Jara. Una historia de amor de una pareja obrera: una mujer que va a buscar a su amado a la fábrica donde trabaja hasta que él es enviado a la sierra, donde muere. Este canto recoge la alegría del instante del amor: “Te recuerdo Amanda, / la calle mojada, / corriendo a la fábrica / donde trabajaba Manuel. / La sonrisa ancha, / la lluvia en el pelo, / no importaba nada, / ibas a encontrarte con él, / con él, con él, con él. / Son cinco minutos / la vida es eterna / en cinco minutos”.  La eternidad del amor, de cinco minutos en la presencia del ser amado.

El siguiente bloque aborda el tema del amor libre. La búsqueda de un amor sin ataduras; pero, sin embargo, con el anhelo dentro —que grita— para que dure siempre en las letras de Moustaki, voz francesa, y tenga una casa en la canción Our House, de Graham Nash.

Seguimos con los míticos Beatles y su famosa canción Revolution. Expresa el deseo de cambio de todos, de cambiar el mundo: es parte de la evolución. Ellos saben que el germen del cambio está en el sujeto y Chicago, de Graham Nash, narra la capacidad de cambio que todo hombre tiene y es capaz de realizar. Sabina, el gran trovador de historias, narró tras el 68 cómo “la poesía salió a la calle / reconocimos nuestros rostros; / supimos que todo es posible / en 1968”;  pero, no obstante, es consciente de que “no pudimos reinventar la historia”. El hombre se topa con un límite, con algo que se le escapa. La vida seguía.

En este contexto, oímos la canción que Guccini escribió en 1972, Dio è morto. Es una expresión evidente de que Dios había desaparecido de la esfera de la vida de todos; ya no daba respuesta a ninguna de las preguntas. Habían dado la espalda a la fe: “Me han dicho que esta generación mía ya no cree / en lo que a menudo han enmascarado con la fe, / en el mito eterno de la patria o del héroe / porque ha llegado ya el momento de negar todo lo que es falsedad, / creencias hechas de costumbres y miedo”. Luigi Giussani,  el 1 de noviembre de 1968 en Varigotti,  había apuntado este hecho: “Ya no puede ser ni la historia, ni la doctrina, ni la tradición, ni el discurso lo que mueva al hombre de hoy”.

Terminamos con Claudio Chieffo y su Ballata del potere. El cantautor recoge todas las preguntas, preocupaciones, deseos y anhelos que hemos ido escuchando en las canciones; y afirma una frase reveladora: “Ahora tú dime cómo puede esperar un hombre que tiene todo en sus manos; pero no tiene el perdón”. ¿Existe algo que pueda liberarnos, que pueda exaltar nuestro yo? Chieffo vuelve a recogerlo todo; vuelve, parafraseando a san Pablo, a valorarlo todo y a quedarse con lo bueno en Ballata della società. Este canto actúa como cierre que abraza todo lo anterior. Bienaventurados todos: los ricos, los pobres, los sabios porque “la tristeza, la tristeza que hay en mí / será transformada en alegría” y llegará un día en que tendremos una gran fiesta y luego cantaremos juntos. / Será el hermoso día de una gran fiesta y luego bailaremos juntos”.  Existe un lugar donde toda nuestra tristeza será transformada en alegría. Existe un lugar donde uno es mirado en su totalidad.

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