En el ecuador de EncuentroMadrid, un invitado de excepción nos ha provocado y ayudado a volver a centrar la mirada. Monseñor Luis Argüello, secretario general de la Conferencia Episcopal, mantuvo un coloquio con José Luis Restán, director editorial de la cadena Cope, en el que delineó la posición de la Iglesia ante la encrucijada actual: “A través de lo que hace la Iglesia, tenemos que mostrar lo que somos: que se vislumbre la dimensión nuclear de nuestra existencia, que es el amor, que en nuestro amar se exprese la vocación a la que tratamos de responder”.

Los desafíos a los que tiene que hacer frente la realidad eclesial actual

José Luis Restán quiso profundizar en los desafíos a los que tiene que hacer frente la realidad eclesial actual: “Ahora vivimos atenazados en una dialéctica entre contrarios. Ya no predomina la posibilidad de un encuentro entre diversos. ¿Cómo debe moverse la Iglesia en un contexto así? ¿Ha de retirarse al ámbito privado? ¿Se vislumbra un escenario de guerra cultural?”. “Aunque seguimos siendo cristianos, este acontecimiento de haber encontrado a Jesucristo que antes transformaba nuestras vidas, nuestras relaciones de amistad, nuestra perspectiva y nuestro horizonte; este acontecimiento que impregnaba constituciones y leyes, que afectaba nuestra forma de vivir la fiesta y el duelo, de entender la vida y de discernir entre el bien y el mal… Esto, en muchos ambientes, ha dejado de existir”. El obispo ha sido tajante a la hora de analizar una situación crítica, en la que “nos toca evangelizar a generaciones que han nacido y crecido como si Dios no existiera”, pero también ha dejado espacio a la esperanza: “La Iglesia ha puesto tantas veces su esperanza en la relación con el poder, pero tenemos que recuperar la relación entre la libertad y la gracia”; es decir, que “la forma de ofrecer al Señor tiene que venir coloreada por el predominio de la gracia en nuestra vida”.

“La verdad sigue siendo un latido posible del corazón humano, y esta es la tarea de la Iglesia: escuchar el latido del corazón humano”

El periodista ha increpado entonces a monseñor, incidiendo en si la comunidad eclesial debe retirarse de las batallas civiles. Argüello ha sido muy claro al subrayar y ensalzar los “frutos de una evangelización con dos mil años de historia que llegan hasta hoy”: en primer lugar, la fe, “especialmente la fe en Dios encarnado en Cristo”, que nos hace una propuesta de verdad. “La verdad sigue siendo un latido posible del corazón humano, y esta es la tarea de la Iglesia: escuchar el latido del corazón humano”. El segundo fruto de la siembra cristiana es “la dignidad sagrada de las personas”, una cuestión que se vive con matizaciones. También monseñor ha sido claro al decir que la Iglesia no puede reducirse a una institución que dice “no”, aunque haya “cuestiones intolerables contra las que hay que alzar la voz”: “Estamos llamados a ayudar a que despierte en el corazón humano la nostalgia de la dignidad para desde ahí poder hacer un camino en el que se afirme en el momento inicial de la vida, en el momento final y en el tramo entero de la existencia humana”.

Para Argüello, el tercer fruto de la labor de la Iglesia son la libertad y la conciencia:

“Debemos enarbolar la importancia de la razón -como medio para encontrar la verdad- y, por tanto, de la libertad”

¿Por qué creemos aún los católicos en la libertad? “Porque creemos en un alma eterna, hemos sido amados por nosotros mismos y porque el Señor nos ha regalado un rostro que es irreductible a cualquier colectivo”. Por último, el ponente nos ha invitado a rescatar la esperanza, introducida gracias al acontecimiento cristiano: “La novedad frente al paganismo de nuestra época es que la Salvación ha introducido el sentido tiempo y, con él, el progreso y, por tanto, la esperanza”.

“La verdad, la dignidad, la conciencia y libertad y el sentido del tiempo son lugares privilegiados para el diálogo con los contemporáneos. Porque en el corazón de incluso aquellos que están en el lado contrario a la experiencia cristiana hay una nostalgia de verdad, de dignidad, de libertad y de plenitud”, ha querido finalizar su intervención monseñor Argüello, para pasar a tratar un tema de plena actualidad, el de la “pérdida de significado de la diferencia sexual”, en palabras de José Luis Restán, un tema en el que cuesta mantener un “debate libre”. Tras relacionar el punto de la libertad, Argüello ha declarado que se trata de “un tema nuclear para la Iglesia” en el que tiene que primar “el principio de no discriminación”, pero sin dejarnos llevar por “las emociones y los sentimientos”. “Por la puerta de la no discriminación se realizan propuestas que, por no discriminar, discriminan hasta el sentido común”.

Enarbolando la razón como guía para juzgarlo todo, Argüello ha declarado que “para que una persona, al ser educada, crezca en lo que significa la libertad, hacen falta un padre y una madre. La eliminación de uno de los dos supone la eliminación de la diferencia, que pone en juego la libertad”. Así mismo, el secretario general de la Conferencia Episcopal ha afirmado que “el significado de la diferencia sexual, que responde a la experiencia humana de nuestra propia corporalidad y de la condición sexuada de todas nuestras células, es clave para entender la comunicación entre las personas, el amor entre ellas y también para la procreación y el sentido pleno de la sexualidad”, especialmente importante en una época de “invierno demográfico y envejecimiento de la población”.

Solo podemos entender qué es el hombre si lo ponemos en relación

“Solo podemos entender qué es el hombre si lo ponemos en relación: si entendemos que es hijo, que es potencialmente padre o madre; es un ‘yo’ irreductible a su dimensión institucional”, ha continuado Argüello, aludiendo a que eliminar cualquier dimensión del ser humano es dejar de utilizar apropiadamente la razón.

Interrumpido a menudo por los aplausos del público, Restán ha querido que el obispo diera algunas pinceladas sobre su visión, y la de la Iglesia, sobre la situación política actual. “La forma de llevar la caridad recibida en el bautismo al mundo es la caridad política, que no se puede reducir a votar cada cierto tiempo”, ha aseverado Argüello. Citando al Papa Francisco, ha continuado declarando que “para propiciar la cultura del encuentro, hay que escucharse: hagamos un esfuerzo de escucha y exijamos a nuestros políticos que lo hagan. Descubramos en qué estamos de acuerdo y en qué no, argumentemos racionalmente y veamos qué camino podemos compartir”.

Por último, el coloquio llegaba a su fin con una reflexión del periodista: “Parece que sobre el terreno de la fe sencilla, compartida, vivida, celebrada y ofrecida que supone el tejido de la comunidad cristiana despuntan polémicas desabridas que producen desasosiego, y que aunque implican a algunas élites, tocan al pueblo sencillo. ¿Cómo podemos vivir esta situación?”. Una vez más, Argüello tomaba la pregunta y respondía sin titubear: “Hay tensiones, siempre las ha habido en la Iglesia. El diálogo entre novedad y fidelidad es permanente, pero hoy vivimos un cambio de época” que, según el obispo, está acrecentado por algo que destaca el Papa Francisco: “Los debates morales y moralistas, si no aparece la gracia, son estériles. Porque la moral se sustenta en una antropología, y la antropología se sustenta en la cristología, porque Cristo es quien desvela nuestro rostro, quien nos dice quiénes somos”. En ese sentido, “si el Anuncio (el kerygma) no es de palabra y de obra, de hechos y dichos, no tendrá la categoría de testimonio”. “La Iglesia no realiza el anuncio del evangelio para hacer proselitismo, sino para que, por su belleza, tenga la capacidad de atraernos y transformarnos”, ha cerrado Argüello, no sin antes apuntar que, en este tiempo misionero hace falta más que nunca recordar puntos clave como “la comprensión del ministerio célibe para vivir la itinerancia, para salir a los caminos y tener todo el foco puesto en ser familia de familias y vivir la esponsalidad del pastor”. Por encima de los aplausos de esta jornada central del sábado de EncuentroMadrid, el secretario clausuró: “No vivimos un tiempo cíclico en el que combatimos por espacios, sino un tiempo de esperanza, en el que nos acompañamos. Y el Domingo ha comenzado en esta hora, la Pascua está aquí y el octavo día se nos regala”.

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