Entre el ponente de esta mañana en EncuentroMadrid, Javier Viver, artista contemporáneo e imaginero, y la presentadora, Lupe de la Vallina, fotógrafa, existe una bonita amistad. Esta ha nacido a través de la red social Instagram, debido al amor que ambos sienten hacia el arte contemporáneo y la fe. Lupe define su encuentro con Viver como un «encuentro irreversible»; un encuentro atravesado por la fascinación que provoca en ella la libertad ante la realidad y el modo original de juzgar y pensar que posee el imaginero.

Javier Viver narra que su vocación por las Bellas Artes nació a los 15 años de edad. Sus estudios fueron puramente académicos en la facultad; pero allí pudo conocer el constructivismo, que viene de la mano de artistas como Chillida en el País Vasco, y la figuración de la Escuela de Madrid, con Antonio López. Su interés, por lo tanto, se orientó hacia la abstracción y el constructivismo.

Viver cuenta que en el arte religioso se hace frente a las controversias de una tradición iconoclasta en la que la mejor forma de acceder a lo intrascendente era con la ausencia de imágenes, pero es consciente de que cuando Cristo se hace imagen hay imaginería. El artista no puede decantarse por ninguna en concreto y sufre una crisis. En medio de estos discursos también empieza en él el gusto por la fotografía, que denomina «acción sin la intervención de la mano del artista». Se planteó la importancia de «la comunicación en el arte,  porque el arte no es nada si no hay un lector». Es consciente de que «el artista contemporáneo es la persona más solitaria porque su discurso es narcisista y se queda encerrado en su propio mundo».

El arte no es nada si no hay un lector

En ese momento le plantearon un encargo de arte sacro, La bella pastora de Iesu Communio, cuando su deseo de comunicarse con aquellas personas que iban a rezar delante de esa imagen estaba más vívido que nunca. Quería hacer la escultura sacando la huella de sus modelos, calcando el rostro y cuerpo. «Habitualmente trabajo con la anatomía. Trabajo con desnudos. Luego los voy vistiendo».

Tenía la intuición de que «si conseguía captar la huella del rostro humano podría llegar a la trascendencia». Cubren a una modelo con silicona, escayola. Después, las piezas de la escultura se van sacando por distintas partes. El proceso no es para nada aséptico. El momento en el que la modelo sale del molde es muy doloroso y liberador a la vez. Lupe captó con su cámara fotográfica esos instantes. El imaginero es preguntado por Lupe sobre cómo les pide a las modelos que posen. Él las solicita que sean icono, que encarnen en sí lo que quiere ver. En muchos casos se producen cambios en ellas y se adecúan a lo que han interpretado. En ocasiones te lo agradecen. El artista apela a que su «labor es llevar a un plano más abstracto. Por un lado está el modelo, la cercanía con ella, y admitir que puede llegar a ser la Virgen».

Tenía la intuición de que «si conseguía captar la huella del rostro humano podría llegar a la trascendencia»

Con respecto a su interés por la fotografía, a la que denomina «pintura sin manos», cuenta que ha nacido un proyecto que se llama Revelations. «Estaba interesado en psiquiatría y me llegaron del hospital Sancti Petri unas fotos de pacientes con enfermedades mentales. Ya Gregorio Marañón había investigado esto» y en su biblioteca estaban las fotos y los historiales clínicos de dichos pacientes. «Di con el legado de Marañón y allí estaba todo». Hoy en día hay muchas enfermedades mentales referidas en los informes del siglo XVIII que no son consideradas enfermedades. «Allí teníamos informes de personas que en el fondo son más que historias médicas. Me encontré con la historia de la redención». Esa mirada, que había nacido en él tras la contemplación de dichas fotografías, era lo que quería comunicar.

Allí teníamos informes de personas que en el fondo son más que historias médicas. Me encontré con la historia de la redención

«¿Qué tiene el rostro humano que transmite el alma?» —pregunta Lupe—. Viver responde: «Al final es un libro que abre la mirada. Detrás de la mirada (de los fotografiados) te encuentras todas las pasiones: los gestos, las expresiones. Miles de pasiones. Cuando una persona tenía una crisis de histeria las personas reproducían la pasión de Cristo». Sin embargo, apunta algo muy interesante: «Eran fotografías duras, con un punto de partida que era personal» y «el libro ha recibido muchas interpretaciones» porque no se ha mostrado como algo cerrado, sino como una sugerencia. «Quería demostrar que no trabajo desde un punto de vista deductivo. Era algo con lo que me encontraba. El proyecto de la Sancti Petri era ilustrado: acabar con la locura. A mí me interesaba saber qué podía aportar en esas situaciones. Ahora entiendo que detrás de esas cosas incomprensibles (los procesos humanos psicológicos) hay algo que forma parte del ser humano». Revelaciones, como exposición, estará en el Museo Lázaro Galdiano.

Detrás de la mirada te encuentras todas las pasiones

El acto concluye con la afirmación de Javier Viver de que el arte sacro debe adaptarse a algo que no eres tú para llegar a la gente, que se debe partir de cero. Desde los inicios del cristianismo se planteaba crear, transformar… Pone el ejemplo de Dalí, que rechazó todos los presupuestos surrealistas y creó su propia mística nuclear. Él asumió como programa cultural el discurso del realismo español y acabó convertido y recibió los sacramentos. «Lo propio del cristianismo es la adaptación a todas las realidades».

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