Miguel Mañara es un personaje que desde los 17 años ha acompañado a Franco Nembrini, quien con su cercanía y pasión ha presentado su libro “Miguel Mañara” en el que reinterpreta la obra de Óscar Milosz. Siendo fiel a los datos históricos describe los avatares de un personaje que existió en Sevilla en el siglo XVII y cuyos actos se extreman, tanto en lo positivo como en lo negativo.

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La aventura humana que narra Milosz, en la que todos podemos reconocer la nuestra

Dice Nembrini que “a los 17 años toda la fe de mi infancia entró en crisis y arrastró todo en lo que yo creía”, en esos años no lograba amar lo que siempre había amado, padres, amigos, estudio, escuela, mujeres. Nembrini ha compartido la experiencia juvenil de amar a las mujeres, el significado de “querer bien” y cómo no era capaz de decir nada acerca de ello porque sentía que solo podía ofrecer el mal y el sufrimiento que este hecho le causaba, no lograba amar pero en cambio sentía que había sucedido algo misterioso. “Permanecía el dolor pero existía una certeza más fuerte que ese dolor, un esperanza cierta”. De esta esperanza regresó con ganas de estudiar, agradecidísimo a sus padres, a sus amigos, hasta que se enamoró de Gracia, una chica de 15 años.

Los cuatro años en los que ella le rechazó fueron los más decisivos de su vida, sentía que si aclaraba la cuestión de amar a una mujer, se aclaraban todas las demás cuestiones, “era el punto vivo por el que pasa la alegría de vivir”, la mujer es la fuente de la vida y la felicidad. Esos años, tuvo como guía a Miguel Mañara porque en su vida se narraba lo que le ocurría, no porque le resolviese el problema “sino para tratar de comprenderlo, para poder vivir bien esa fatiga”.

Surge un grito profundo de Miguel Mañara delante de la vida, que es el grito de cada uno de nosotros

Mañara va con unos amigos de francachela y le piden que cuente a cuántas mujeres de toda condición ha engañado, le dicen: “eres el mejor porque eres quien peor ha tratado a las mujeres”, pero surge un grito profundo de Miguel Mañara delante de la vida, que es el grito de cada uno de nosotros, “quien pierde ese grito pierde el amor y la relación con otro”. Si no está ese grito, no existe la pregunta ante la vida que se hace Mañara y ésta por tanto carece de sentido.

Ante esa pregunta que le surge les dice a sus amigos que ellos jamás comprenderán lo que es el amor, él siente una enorme soledad que no llena con nada, tiene un deseo infinito. Un viejo amigo de su padre se levanta, y ante la pregunta de Mañara, ante el reconocimiento de su necesidad, le hace una propuesta, que conozca a una joven. El encuentro con esa joven será un Encuentro y cambiará su vida. Si no nos levantamos pidiendo no podemos salvarnos. Jerónima, conversando con Mañara sobre la felicidad, define el amor entre un hombre y una mujer con una metáfora sobre las flores radicalmente válida en nuestro tiempo.

Finalmente Nembrini nos ha introducido en cómo Dios hizo una propuesta a una joven de 15 años para cambiar la historia, y hace un paralelismo con Jerónima y con la Beatrice de Dante. La novedad que el cristianismo ha traído a la historia es la mujer como puente de nuestra salvación pero siempre a través del método que el propio Dios nos ha dado, una petición y un juego de libertad. Jerónima es el puente a la salvación de Mañara.

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