Son las cuatro y media de la tarde y Encuentro Madrid abre sus puertas a una mesa redonda con Ignacio Bosque, lingüista y miembro de la Real Academia Española, que es presentada, con profunda admiración, por su alumno —así le gusta llamarse—, Alfonso Calavia, profesor de Lengua Castellana y Literatura en el Colegio San Ignacio de Loyola. Nos encontramos con un académico que encarna en sí el magisterio de lo sencillo. Desde el primer instante es un maestro que relaciona disciplinas y vida: música, lengua, arquitectura, deporte, oficios…
Alfonso comienza preguntándole por qué es importante el cuidado de la lengua. Bosque argumenta que «la gente piensa que la lengua no tiene nada que ver con nosotros, que está afuera, que es algo externo, y es un error porque está dentro de nosotros; ya que pensamos con palabras. La lengua no es un código externo o un código lengua». Por este motivo «enseñar lengua es conocerse mejor a uno mismo. Deberíamos enfocar esto de esta manera: mirar el interior de las palabras. Penetrar en lo que parece evidente y descubrir que detrás hay un mundo; que «las palabras son un buen sitio para `escarbar´. Alude a su maestro, el filólogo Fernando Lázaro Carreter, quien decía que «cuando se empobrece la lengua se empobrece el pensamiento». Lázaro alentaba para que «se acostumbrase a los estudiantes a que hablaran de una manera fluida y adecuada».  «El pan —aclara Bosque— antes se hornea y amasa. Enseñar lengua es amasarlo».

Enseñar lengua es conocerse mejor a uno mismo

Alfonso Calavia, invadido por los recuerdos, relata que, en clase, el profesor Bosque les decía que «para aprender gramática había que empezar a sorprenderse de lo cotidiano». El académico se sonríe y aclara que «hay dos grupos de personas: los científicos y los niños. La ciencia se basa en sorprenderse de las cosas y en los niños sucede igual». Recuerda a una niña que «hacía preguntas maravillosas» y nos confiesa: «Mi pregunta favorita de esta niña era: ¿Por qué tú me puedes hacer cosquillas y yo no me las puedo hacer a mí?» Para el profesor, una de las claves de la educación es que en la escuela puedan «hacerse preguntas de lo cercano», incluso de lo más recóndito. «Deberíamos hacer que los niños y adolescentes se hicieran grandes preguntas».

Deberíamos hacer que los niños y adolescentes se hicieran grandes preguntas

Bosque prosigue: «La educación me interesa mucho y es muy importante. Educar no es transmitir conocimiento, no es llenar cabezas, es incentivar, estimular, hacer que ellos —alumnos— se pregunten cosas que yo no hubiese pensado». Estoy mucho más satisfecho de mis alumnos que de mis libros, de que algo haya sucedido en sus cabezas. Por eso es tan importante la idea de estimular». Esto lo aprendió de su maestro, don Fernando Lázaro Carreter,  quien le decía ante algún reclamo o algo que había descubierto: «Yo eso no lo voy a estudiar, estúdielo usted».
¿Qué relación hay entre el misterio,  la sencillez y la belleza? —interpela Calavia al académico—. «La actitud de esta forma de mirar la tienen algunos científicos. La naturaleza parece compleja pero un buen profesor de ciencias trata de explicar la complejidad de la naturaleza, que en realidad es simple. En las humanidades si sabes mirar con ciertos ojos hay principios básicos debajo de esa hojarasca… En el fondo es sencillo. Estudiar lengua es aprender a mirar. Debajo de esa noble hojarasca hay principios sencillos». Ahí está la belleza. El misterio de la sencillez. «Una explicación que logra reducir a pocas variables: es bella. Reducir lo complejo a lo simple». Narra que en sus clases con oraciones de tres palabras recapacitaba sobre muchos aspectos gramaticales.

Estudiar lengua es aprender a mirar. Debajo de esa noble hojarasca hay principios sencillos

A propósito de la poesía, dice el académico que «los poetas no sienten más que los demás, pero saben decirlo mejor. Los escritores son atletas del idioma. Los atletas tienen músculo pero a veces no saben lo que es. Los escritores son atletas de la lengua porque tienen ese músculo y a veces no lo comprenden, saben usarlo sin más. En la lengua todo son detalles, todo es sutil. Los escritores perciben mejor los matices».

En la lengua todo son detalles, todo es sutil. Los escritores perciben mejor los matices

Se concluye el acto con una referencia concreta al lema de Encuentro Madrid, En busca del rostro humano. Bosque refiere que la sintaxis, la lengua, es composicional, que hay muchos vocablos y que se pueden hacer construcciones infinitas. La lengua crece en nosotros con infinitas posibilidades, como rostros humanos.
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