Alberto Guerrero (Barcelona, 1975) es pintor por vocación.
Historiador del Arte y Restaurador de formación, durante once años trabaja en la restauración de pintura de caballete y mural para un importante estudio de Madrid, lo que le da acceso a la obra de artistas consagrados y a su técnica. Durante esta etapa, Guerrero se obsesiona con la búsqueda de la verdad detrás de la realidad; la autenticidad oculta tras las capas que los repintes, el tiempo, la suciedad o las meras circunstancias añaden al talento y a la primera intención de la obra.
En el año 2009 abandona la restauración para dedicarse de lleno a la pintura, que hasta entonces cultivaba como principal afición. Hoy es su medio de vida.
La muestra que Alberto Guerrero presenta en EM, “Lo que subyace”, reúne obra representativa de los últimos seis años y algunos trabajos figurativos muy recientes. El nexo común en estas pinturas no es otro que la intención que prevalece en su proceso creativo, que él concibe como expresión de búsqueda de la Verdad.
La obra abstracta de Alberto Guerrero (de las series “Sustratos” y “Elementos”) parte de un proceso inverso a la restauración. Cada cuadro arranca con capas de pintura que finalmente no se van a ver, al menos no totalmente, y a ellas se superponen otras de diferentes texturas y colores. Llegado a un determinado punto del proceso, el artista decide detenerse, logrando una armonía que deja intuir el trabajo subyacente, donde cada capa importa y suma. De esta forma, se produce algo similar a lo que ocurre en la vida de las personas, que Guerrero contempla como un compendio de capas de realidad pasada, unas visibles y otras ocultas, que nos dan nuestra identidad. No somos, como tampoco lo son mis cuadros, un resultado perfectamente  definido. Y es ahí, precisamente, donde reside nuestra belleza.
El trabajo figurativo en Lo que subyace plantea una nueva línea de exploración, donde el pintor busca interrogarnos con un misterio que la propia realidad plantea y que admite muchas respuestas incompletas. Guerrero se refiere al vacío y a la ausencia planteando objetos descontextualizados en un entorno inmenso. Al igual que en su obra abstracta, se suscita la pregunta ¿qué hay detrás?, y el espectador reacciona anhelando colmar un deseo que se le ha despertado.

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