Juan José Aguirre lleva 38 años como misionero en la República Centroafricana, un país que vive desde hace cinco años inmerso en una cruenta guerra civil alimentada por grandes potencias exteriores. Ha compartido mesa en EncuentroMadrid con la responsable de las relaciones institucionales a nivel internacional de Ayuda a la Iglesia Necesitada, Marcela Szymanski. Juntos han testimoniado cómo se puede vivir la libertad en medio de la persecución y la guerra.

República Centroafricana siempre ha sido uno de los países más pobres de la tierra, pero hasta hace cinco años la convivencia entre católicos (30%), protestantes (35%) y musulmanes (15%) era ejemplar. Por eso, Juan José Aguirre, obispo de Bagassou y misionero comboniano, pudo desarrollar una gran obra pastoral y social de la que se beneficiaba toda la población.

La aparición de grandes recursos minerales como el oro, el coltán o el manganeso desató la codicia de las potencias internacionales que provocaron la sangrienta guerra en la que el país se halla inmerso. Lo recuerda bien monseñor Aguirre: “La paz se quebró hace cinco años cuando vimos llegar desde el norte, desde Chad, a mercenarios y yihadistas armados que habían sido enviados desde Arabia Saudí y los países colaterales para desestabilizar el país, para aplicar en Centroáfrica el refrán ‘A río revuelto, ganancia de pescadores’”.

El misionero prosigue su relato: “Vinieron a estrangularnos como depredadores, a hincarnos las uñas, para buscar las materias primas. Quisieron venderlo a la prensa como si fuera una guerra de religión entre musulmanes y no musulmanes. Era una pantalla de humo, en realidad vinieron a por los minerales y para ello rompieron el país a trozos, se comieron Centroáfrica como una tortilla de patatas, hincándole el tenedor con toda su fuerza”.

A continuación, ha narrado Aguirre, llegaron otras potencias a por su parte del pastel: Rusia, EEUU e Israel y China.

El obispo de Bangassou también ha recordado unos hechos que sucedieron hace año y medio cuando un grupo de 2.000 musulmanes, entre los que había mujeres y niños, habían sido sitiados en su barrio por varios centenares de milicianos antibalaka armados con metralletas y fueron abandonados a su suerte por los cascos azules de la ONU.

Entonces, Aguirre y algunos sacerdotes vestidos con albas blancas se interpusieron como escudos humanos delante de la puerta de la mezquita con las manos en alto diciendo: “No tiréis, que hay mujeres y niños”, pero los antibalaka siguieron disparando. “Ahí las balas nos pasaban rozando. Algunos sacerdotes se escondían detrás de mí, pero yo les decía: No os preocupéis, recordad el Salmo 91 que dice ‘caerán mil a tu izquierda y 10.000 a tu derecha y a ti no te tocarán’”, ha relatado.

Aguirre ha señalado que, ante estas situaciones tan violentas e inhumanas, muchas veces se pregunta: “¿Dónde estás, mi Dios?”. Y, a continuación, ha puesto un símil informático para explicar cómo se puede entrar en el misterio del sufrimiento: “Cuando estás ante el ordenador, hace falta una contraseña para entrar en el archivo del sufrimiento humano gratuito, y la contraseña es ‘El Jesús del Calvario’, que es quien nos enseña a comprender el sufrimiento gratuito del ser humano; Jesús que nos dice: ‘Tenemos que pasar por la tribulación para llegar tres días después a la resurrección’”.

“Esa es nuestra esperanza”, ha aseverado el misionero cordobés, quien ha añadido: “Nos pueden robar todo menos nuestra esperanza. Y cuando falta la esperanza, ¿saben lo que queda? La esperanza de volver a tener esperanza”.

Por último, se ha referido al perdón a los que cometen tanta violencia, un perdón sin condiciones que reconoce que es una gracia divina: “El perdón es un don de Dios. No lo tenemos nosotros en el corazón, se lo tenemos que pedir a Dios. Perdonar a gente que ha incendiado tu barrio, que ha matado a los tuyos, incluso a los de tu propia familia, es muy difícil”, ha subrayado.

La libertad religiosa es un derecho

Por su parte, Marcela Szymanski, responsable de relaciones institucionales a nivel internacional de ACN y editora del Informe sobre la libertad religiosa (ILR), ha explicado la importancia de hacer valer la libertad religiosa como un derecho humano ante los grandes organismos internacionales. “Cada vez es más posible hablar de libertad religiosa en los países occidentales y es porque el terror se ha acercado a nosotros”, ha puesto de relieve.

Como editora del ILR, Szymanski es una observadora privilegiada de la situación de la libertad religiosa en 193 países del mundo. Sobre la base de esa experiencia, ha alertado que a la persecución no se llega de golpe, sino poco a poco, “la libertad religiosa se va menoscabando poco a poco, como una casa a la que al principio le van quitando tejas”, ha declarado.

“Primero no te dejan estudiar en la universidad por la religión que tienes, luego te prohíben que lleves una cruz en tu lugar de trabajo, luego ya no te dan permiso para hacer una procesión en la calle, ya no puedes educar a tus hijos en determinadas escuelas… y cuando menos lo piensas estás expuesto a que te hagan lo que ellos quieran”.

La responsable de las relaciones institucionales de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) en todo el mundo se ha referido también a la campaña de reconstrucción de los pueblos cristianos de la llanura de Nínive, en Iraq, donde están volviendo los cristianos que tuvieron que huir por la ocupación del Daesh. “Han regresado 40.000 de los 120.000 que huyeron. Se están reconstruyendo las casas gracias a la generosidad de los benefactores que son principalmente de Ayuda a la Iglesia Necesitada”, ha señalado.

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