¿Cuál es la manera de trasmitir una experiencia educativa verdaderamente humana? ¿Qué tipo de debate puede establecerse entre Estado y sociedad? Estos han sido los interrogantes con los que Ignacio de los Reyes, director de Be Education, daba comienzo a la mesa redonda “Sin libertad no hay educación”. Alberto Ruiz-Gallardón, político y abogado, e Ignacio Echevarría, editor y crítico literario, han tenido ocasión de entablar un diálogo en el que abordar la relación entre educación, libertad y sociedad.

“El acto educativo nace siempre de una persona libre. Ya desde el inicio, la educación tiene que ver con el corazón de la libertad. De otra manera, seriamos náufragos de nuestros impulsos y de nuestros instintos”, decía De los Reyes en la apertura del acto.

¿Cuál es la tarea de la educación en este momento de incertidumbre?

Ignacio Echeverría comenzaba su intervención afirmando con rotundidad que la educación juega un papel fundamental en la sociedad y en el mundo. Explicaba que, por tanto, es necesario restaurar la concordia política en este ámbito y sentar las bases de una educación sólida, universal y solvente.

La libertad que le otorga encontrarse retirado de la política y que le coloca en una posición de observador, permite a Ruiz-Gallardón reflexionar sobre el contexto educativo. Para ello, utilizaba una cita de Rilke: “La patria de un hombre es su infancia”; y explicaba su punto de vista: “somos lo que hemos aprendido, lo que hemos recibido y lo que nos han enseñado; no somos solamente nosotros mismos. Somos la ayuda que hemos recibido”. Añadía la importancia de preguntarse al servicio de quién se encuentra la educación. La educación solamente tiene sentido si se pone al servicio del desarrollo integral de la personal para que esta alcance toda la potencialidad que tiene. “Si distraemos esta mirada de la persona, habremos equivocado los programas educativos”.

¿Se puede hablar de un fracaso educativo? ¿Cuál sería el origen?

“Todo fracaso social es un fracaso de la educación”, comentaba Echevarría. “Si uno está insatisfecho, tiene que estarlo con la educación. La educación es la gran materia pendiente”. Esto daba lugar a un debate ante el que Ruiz-Gallardón respondía: “El fracaso es del concepto. Es legítimo y obligado que el Estado provea, pero hemos olvidado quién es el responsable: la familia. La familia es la clave de la educación. Eludir esta responsabilidad es el origen del fracaso de la educación en España”.

¿Qué importancia tiene la autonomía de los centros entendida como un enriquecimiento de la vida pública?

Ruiz-Gallardón contestaba que “debería existir un modelo educativo que no dependa del color de quien gobierne. Esto solo se puede conseguir mediante la autonomía de los centros”, explicaba. “Que sean los propios centros y las familias quienes conformen el modelo educativo”. Citando al director general de la OCD, continuaba: “En lo concreto, la educación no cambia nada; el Estado por sí solo no cambia nada. Cuantos menos políticos se involucren en el acto educativo, mayor será la oportunidad para profesores y padres […]. El Estado no tiene que tener miedo a los que discrepamos, a los que no nos basta con la estructura burocrática, a los que buscamos compartir, a los que manifestamos nuestras creencias de forma colectiva. Los cuerpos intermedios no son una amenaza, sino un instrumento de enriquecimiento. Lo que tiene que hacer el Estado es garantizar que esas ideas y esos valores puedan ser trasmitidos e incorporados a un itinerario educativo”.

El acto concluía recogiendo las distintas intervenciones y haciéndolas converger en una misma dirección: salir al encuentro del otro y participar activamente poniendo de manifiesto toda nuestra libertad, en definitiva, construir una ciudad común.

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