Son las 20:30 de la tarde y el aforo está completo; ya no caben más personas en la Sala Newman; signo inequívoco de que este tema genera muchísimo interés. Presenta Lupe de la Vallina que confiesa que sufre trastorno de déficit de atención. Este trastorno, que ha ocultado durante mucho tiempo a sus amigos, le hacía preguntarse cuánto valía su voluntad, su sí diario: “¿Qué parte de mí soy yo y qué parte es mi trastorno?” El trastorno mental puede llegar a ser un peso que uno lleva encima.

Sergio Zini, doctor en Medicina y docente de neuropsiquitría, responde a la primera pregunta: ¿de qué manera el trastorno mental merma la libertad? Responde que el tema de la libertad emerge en la relación con estas personas, porque es imposible encontrarse con esas personas sin preguntarse quiénes son esas personas. Es fácil pensar, desde su posición, en que uno interviene desde fuera, que inmediatamente cambia al paciente. En realidad no es así porque si la persona no quiere él no puede hacer nada. Sin embargo, en realidad, la persona que parece más bloqueada respecto a su libertad la está utilizando. Lo primero que ha aprendido es que muchas veces es necesario esperar. Cuenta un episodio de un educador que trabaja con una chica con psicosis autista. El educador salía al patio, se sentaba en un banco y le leía el periódico un día y otro día. Llegado a cierto punto ella se puso delante de él y le dijo: “¿Cuándo crees que vamos a hacer alguna cosa?” Él cerró el periódico y le dijo: “Ahora, podemos empezar a trabajar”. Ejemplo claro de lo que significa esperar.

Zini expone que la libertad en estos pacientes está muchas veces por debajo de un cúmulo de escombros determinados por tantas experiencias que hacen que la libertad actúe de cierta manera, pero no hay que olvidar que la libertad está, porque cuando les das la oportunidad de ponerse de pie y de ser ellos mismos emergen. El educador debe ayudar a vaciar esa mochila y sostener el peso junto a él. No es apropiado hablar de trastorno psiquiátrico sino de dolor psíquico porque tenemos que aprender que estas personas realizan esos actos que nos parecen extraños para vencer esa angustia profunda y que les genera dolor. No hay que partir de la solución que el psicoterapeuta ve, sino estar atentos al mínimo movimiento de la libertad de la persona que tienes delante y partir de allí. Relata la experiencia de un paciente al que llama “Luigi”. Le descubrieron escondido, pintando. Llegó a hacer una exposición de pintura. Luigi cambió y ya dice: “Soy un pintor, no es imposible…” Zini afirma que “esto es la libertad que se expresa”.

Jordi Royo, director clínico de Amalgama7 y profesor de psicología y medicina, responde con la experiencia labrada en sus años de trabajo con adolescentes desde los 14 a los 16 años. Relata de qué forma afecta la salud mental en la salida a la libertad que es la adolescencia. Amalgama ofrece atención social adolescentes con patología dual, es decir, cuando concurren en una persona varios trastornos: consumo de sustancias y algún trastorno. Amalgama es un hospital, una escuela y una casa de colonias. Trabajan allí un equipo clínico, profesores y educadores o trabajadores sociales. Buscan juntos soluciones para entender lo que les sucede a los chavales. Les llegan chicos enviados por la administración (la Generalitat o la Diputación de Aragón), y derivaciones privadas de centros de salud. Estos chicos no han tenido éxito en sus centros educativos. Cuando proponen el ingreso los chavales lo ven como un secuestro. Lo paradójico es que los chicos han abandonado los estudios, ejercen violencia a los padres, consumen droga, tienen comportamientos de riesgo (social, legal), desinterés por asociaciones religiosas, sociales… Y sin embargo, tres de cada cuatro chicos de estos se consideran libres. Pero cuando un chico ha perdido la organización normativa ya ha perdido la libertad. Los adolescentes no tienen conciencia de trastorno y mucho menos de enfermedad. Ellos no quieren realizar un tratamiento aunque se lo aconsejen padres, maestros… El trabajo de Amalgama7 consiste en rearmar a los padres para recuperar la autoridad. Muchos de los chicos provienen de familias estructuradas, con padres licenciados y con valores sólidos (vinculados a la Iglesia). Por lo tanto, sabemos que los chicos tienen un hogar fuerte; pero esto no es una vacuna o un antivirus. No nos asegura que estos chicos sufran pantallismo, uso de drogas, anorexia, bulimia o dificultades en la convivencia familiar.

Jordi Royo nos pregunta: “¿Los seres humanos somos libres de enfermar mentalmente? ¿Es una elección libre?” Afirma: “Una persona con trastorno mental no tiene capacidad de elección. A veces los clínicos mermamos su libertad con el tratamiento. El tratamiento puede ser una violación. Se trata de favorecer y potenciar que acepte sus obligaciones consigo mismo y con la sociedad”. El doctor Royo culmina su intervención haciéndonos una petición: “Debemos ser mucho más tiernos porque las personas que tienen un trastorno mental no lo han escogido”.

Ana Ribera, licenciada en Geografía e Historia y escritora del libro Los días iguales responde desde su propia experiencia a la pregunta de Lupe de la Vallina sobre si la depresión afectó para que sintiese que su libertad fuese a menos. Ana responde diciendo que cuando estás ahí eres tu depresión (no tienes o estás deprimido). Ella llevaba una vida normal y de pronto sintió que la depresión la colonizó por dentro y la aísló por fuera. Empezó a desconectarse: dejó de comer, de hablar… Se convirtió en un ser pequeño, asustado y aterrorizado que lloraba todo el tiempo. Ella siguió tirando, porque con la depresión no pides ayuda y cada vez estás peor. Las energías las gastas en negar que estás enfermo… Las enfermedades mentales están asociadas a un tipo de persona y llegas a pensar que no eres ese tipo de persona. Nos parece que tener una depresión es ser débil. Te llegas a negar esa libertad. Su familia le dijo que no sabían que hacer. Fueron al médico y le obligaron a ir a terapia. El primer día que fue a terapia estuvo llorando 45 minutos sin parar. Su psiquiatra le dijo que estaba enferma y no era culpa suya, que estaba exhausta. Se sintió liberada. Fue a terapia un año. Contó a sus amigos y familia que tenía depresión y la gente se sorprendía por el estereotipo de persona que se asocia a esta enfermedad. A la gente que está deprimida se le exige que demuestre todo el rato lo deprimida que está. Ana describe: “La depresión es algo tan grande que te desborda. Tú no tienes una depresión; eres una depresión. No recordaba quien era. Se me olvidó quién era. No recordaba cómo se duerme del tirón. Mi pasado no existía. La depresión te borra la libertad de creer en un futuro. Crees que siempre vas a estar así. Todos los días son iguales. Nunca había pensado en suicidarme; pero entendí a las personas que lo piensan. Dejé de saber quién era”.

Sergio Zini recoge el testimonio de Ana: “El problema es que todos dicen que tú eres esa enfermedad; sea como sea la enfermedad que tienes, te dicen que tú eres la enfermedad. Y esto cronifica a las personas. Yo me he dado cuenta de que esas personas se sienten libres cuando alguien les mira como son. No son esa enfermedad”. Narra la historia de un chico con una discapacidad que no hablaba y no conseguía nada. Un día hizo una cosa mala a otro chico. Él le llamó la atención de forma potente. El chico lo abrazó. Lejos de enfadarse, alguien le había tratado con normalidad y eso le ayudó porque por primera vez le trataban como a una persona, no como a un enfermo.

Zini insiste en que uno no elige estar enfermo; pero debe existir una adhesión de la persona a la enfermedad. ¿Por qué? Porque si una persona se encierra en su casa y no sale comienza a dar vueltas y en cierto momento se rompe el hilo de la relación con la realidad y cuando se rompe este hilo la persona no puede hacer nada. Pero puedes cambiar, puedes tomar otra decisión y por tanto eres libre de tomar una decisión, eres libre de adherirse a un bien.

Jordi Royo continúa diciendo que unas buenas relaciones familiares son importantes, pero que los adolescentes están fóbicos con respecto a sus padres. Ven a sus padres como enemigos. “¿Cómo rescatar al adolescente disfórmico? No lo hemos conseguido con ninguna terapia. Lo conseguimos convirtiendo a los padres en un bien escaso; les pedimos que no vayan a visitarlos durante un tiempo”. Los hijos, de este modo, descubren que sus padres no son los enemigos. Sin convertir a los padres en un bien no se produce nada. Los cambios se producen cuando son posibles.

Hay un concepto erróneo del libre albedrío. No se reconoce a las personas con enfermedades mentales como lo que son. Confundimos las enfermedades con debilidades morales. A veces hay un concepto erróneo del libre albedrío y aumenta el estigma de la enfermedad mental. Ahora hay un auge de la vigorexia. Las personas obesas deben pagar más en los aviones, se les hace sufrir más, se les toma como personas vagas y perezosas. Si un paciente recae la tendencia es en qué ha fallado él, no en quien ha fallado. Los terapeutas no nos preguntamos en qué hemos fallado. Tenemos que pedir al paciente los pasos que debe hacer. Compartir de forma responsable entre paciente y médico

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