El EncuentroMadrid dedicado a la libertad ha abordado hoy la situación actual española a 40 años de la Constitución, “una carta magna que nació no como pacto del miedo sino de la esperanza, al ritmo de la banda sonora ‘libertad sin ira’”. Y lo ha hecho con dos protagonistas de la historia reciente de nuestro país, Soledad Becerril y Teo Uriarte, acompañados del periodista Fernando Palmero.

Un debate que no nace con la vocación de hacer un ejercicio de añoranza sino de entender cuáles son los desafíos actuales de la sociedad española y aprender en qué nos puede ayudar esa época para afrontar el presente.

“¿Qué nos impulsó a la transición?”, se pregunta Soledad Becerril, ex Defensora del Pueblo y protagonista de aquellos años, los de su primera implicación en la vida pública. “Lo primero que debió impulsar a todos los que participaron en primera línea debió ser la memoria. ¿Memoria de qué? Memoria de la reciente historia de España y de la menos reciente, un siglo y medio crítico para la historia de España y duro para los españoles. La memoria de esto estaba presente en la Transición y sus protagonistas decidieron que eso no podía seguir así. Por eso se hace ese tránsito de manera pacífica, acordada, generosa y muy meditada. Donde los protagonistas fueron primero el Rey Juan Carlos y después Adolfo Suárez, pero también la oposición fue importante, toda la oposición, empezando por Felipe González y Santiago Carrillo, y los españoles en su conjunto, que mayoritariamente animaron y quisieron la transición. Y así se hizo”.

El hecho de que todos fueran protagonistas en mayor o menor medida implica la existencia de posibles defectos, que en el momento actual hace que se ponga en cuestión todo el proceso. “¿Defectos de la transición? ¿Defectos de la Constitución? Claro que sí”, señala Becerril. “Fueron hechos y decisiones tomados mediante grandes acuerdos, y en los grandes acuerdos siempre hay renuncias. Para llegar a un acuerdo siempre tienes que dejar algo de tus ambiciones. Pero así fue posible la transición”. Ya retirada de la vida pública, Soledad Becerril ha publicado un libro donde narra su experiencia durante aquellos años porque “yo quisiera que esto lo sepan las generaciones jóvenes para que unos sigamos valorando y otros aprendan a valorar la democracia y este estado de derecho que tantos otros países quisieran tener. La democracia es un sistema político que siempre está en riesgo, porque los sistemas que no tienen riesgo son aquellos en los que no hay libertad. Siempre ha sido un sistema frágil, por la amenaza de poderes económicos, poderes exteriores, partidos políticos que quieran acabar con ella, recorte de libertades (expresión, reunión, manifestación…). Pero su fragilidad es justamente su grandeza”.

Teo Uriarte también ha presentado su larga e intensa trayectoria política, que empezó en ETA en los años 60, “en un momento en que militar en ETA estaba bien visto frente a la dictadura. Pero no militábamos por la libertad sino por imponer un proyecto político, que podía ser igual que la dictadura a la que queríamos enfrentarnos, pues estábamos dispuestos -y de hecho así fue- a la violencia”. Por eso él no considera aquellos años de su vida como de lucha por la libertad. “¿Cuándo empezamos a jugarnos el tipo por la libertad? Cuando reconocemos la libertad de los de enfrente. Cuando vemos que quizá era posible resolver las cosas de manera pacífica. Porque lo otro no era libertad, sino la imposición de nuestro capricho. Cuando vemos la libertad del otro y las razones de la libertad del otro, empezamos a luchar por ella realmente. Pero es entonces cuando pasé a convertirme en uno de los canallas más traidores del País Vasco”.

Para Uriarte, la virtud de la democracia también coincide con su fragilidad, en el sentido de que “puedes perder pero a la larga puedes llegar a reconocer que la razón la tenía el de enfrente”. Un reconocimiento que en el momento político actual parece un bien muy escaso, “y eso es por carecer de un bagaje humano y político que te dé la prudencia necesaria en política”. En ese sentido, se ha mostrado bastante pesimista a la hora de valorar el momento político que está atravesando España en este momento, asemejándolo a algo que él aprendió muy bien en ETA, “la identidad del contrario: eres casi como el contrario al que combates porque combates igual que él”. Por eso ha afirmado con contundencia que “repudio profundamente todo lo que está pasando con el tema de la memoria histórica. Me parece aberrante sacar esos temas como se están sacando. Sé lo fácil que es quebrar el sistema de convivencia y me da terror volver a dinámicas que acaben con algo que costó mucho realizar como es la democracia en España”.

Cuando le preguntan por los problemas vasco y catalán, contesta que “no hay vías de reconciliación. El discurso político está casi en monopolio del nacionalismo, que no es una ideología precisamente de convivencia sino de segregación. Además, la apenas presencia o no presencia del estado de derecho agrava la situación porque si no hay Estado no hay democracia. Entonces, la reconciliación solo es posible si te supeditas y renuncias a tus ideas. Y no me extraña que la gente lo haga, que asuman una ideología impositiva que se acaba convirtiendo en mentalidad dominante”. En su opinión, en España falta el ideal de la unidad. “Ortega y Gasset hizo un flaco favor al hablar de la conllevanza del problema catalán. El problema está en Cataluña pero es un problema español. Si no tenemos una concepción capaz de atraer la periferia hacia el centro de la política, la periferia se dejará atraer por otros mitos pasionales de naturaleza centrífuga”.

Por su parte, el periodista Fernando Palmero ha destacado la importancia de fortalecer el valor del sistema de derecho. “La sociedad de consumo que estamos disfrutando va necesariamente vinculada a la democracia representativa. No puede poner en crisis esos valores sino al contrario, gracias a esa sociedad de consumo disponemos de ellos”. Palmero ha citado a Juan Velarde, señalando la importancia de “una libertad de mercado que no dañe la dignidad de la persona”.

El periodista de El Mundo ha señalado otro de los grandes desafíos que afronta el mundo de hoy: “la globalización, que ha generado una situación de incertidumbre en todos los sectores laborales. Incertidumbre quiere decir miedo y cuando el miedo se instala en la sociedad, es capaz irracionalmente de lanzarse en manos de propuestas tan alocadas como el desafío catalán o la defensa de un nuevo proceso constituyente que corrija todo lo que España ha avanzado”.

En su opinión, “aunque el bipartidismo no tiene muy buena prensa últimamente en España, la verdad es que los dos grandes partidos han ejercido aquello de lo que España carece ahora: un Estado fuerte, como sí lo tienen otros países de nuestro entorno. Como Francia, que ha resistido la desaparición de un gran partido, algo que no sé si España resistiría, pues la desaparición de uno de los dos grandes partidos causaría una crisis de estado. Los partidos políticos han permitido que el Estado se haya mantenido integrado a pesar de las crisis autonómicas, aunque cada vez se están envalentonando más. Por eso creo que es muy irresponsable fomentar la desaparición de alguno de estos dos grandes partidos. Porque en política es peligroso hablar de ilusiones, es mejor actuar con realismo”.

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