La montaña es un espacio privilegiado para hacerse preguntas que se salen de lo cotidiano. Pocos lugares derrochan tanta belleza como las montañas de la tierra. Como casi todas las cosas buenas, están ahí para nosotros, gratuitamente. No pagamos por mirar, ni por respirar ni por bañarnos en los ríos o en los mares, ni por sentarnos a la sombra de un árbol, y hacer una pausa para recuperar las fuerzas.

Tamara Lunger

Pero la montaña no es solo un escaparate espectacular para que los hombres disfruten, sino que es también maestra de vida. Nos precede y acompaña, establece sus condiciones como algo dado. Toca a la sabiduría del hombre aprenderlas, aceptarlas, medirse con ellas y obedecer, una vez mas, a lo real en concreto. Tú no decides los metros que tienen las cimas, ni su dificultad ni las condiciones meteorológicas para poder conquistarlas. Tú solo observas, calculas, decides y actúas. A veces coronas, a veces renuncias y siempre aprendes.

La montaña es una analogía adecuada de la vida cotidiana porque para nosotros, la montaña de cada día es la urbana: levantarse, trabajar, amar, construir, caer, volver a empezar, ganar, perder… Y la montaña te enseña que poniendo un pie delante del otro se progresa y se llega; con paciencia, con empeño, con cuidado en el paso difícil, con pericia en el más complejo y con ternura desde el primero hasta el último instante del camino.

La montaña enseña también a dominar los miedos, a medir los esfuerzos a planificar los tiempos, a descubrir el silencio, a mirar y… a dejarse hacer.

La montaña encierra más tesoros: en especial el amigo, el compañero de camino. Pocos son los que se adentran en solitario en la montaña. Casi todos vamos en compañía y con frecuencia esa compañía es la que nos lleva. No es algo mecánico y solo caminando se aprende a conocerse y respetarse, a pedir, a ayudarse. Cada uno tiene un ritmo pero todos caminan con tensión para mantener un paso sostenido para todos. Se hace comunidad, y ¿no pasa por ahí el Destino de la vida?

La montaña, de tierra o de cemento, interpela al hombre cada día y sólo quien responde a esta llamada de la vida en las circunstancias concretas, en compañía, camina hacia un Destino bueno. Cuando se entra en este diálogo que ya ha empezado el Misterio bueno de Dios, la vida, con toda su belleza y su fealdad, se convierte en un camino interesante y pleno.

Si quieres descubrir cómo vive esta experiencia la mismísima Tamara Lunger, te esperamos el sábado, 5 de octubre en EncuentroMadrid.

Tamara es una de las mejores alpinistas de la historia. Tiene en su palmarés ascensiones imponentes como la del Nanga Parba (2016), Siberia (2018), Manaslu (2015) y ¡todo esto con tan solo 32 años¡ Pero esta mujer asciende también a la cima del juicio y del corazón: “Cada momento que paso en la montaña me ayuda a ser mas consciente de quien soy así como estar más agradecida a la vida”.

Pilar Mascaraque, presentadora del acto

FacebookTwitterPinterestWhatsAppShare