Las crisis de Ucrania y Venezuela corren el riesgo de ser conflictos impactantes que se disuelvan en el día a día. Diversas ONGs e instituciones que colaboran con CESAL evitan la efervescencia de unas crisis que siguen vivas en estos países, en las personas refugiadas y en las que permanecen allí. El director de CESAL, Pablo Llano, ha moderado un diálogo con sus
representantes para “mostrar esperanza en lo que es posible construir”.

Los desplazamientos por la guerra en Ucrania suman 13 millones de vidas, seis de ellos emigrados desde el interior del país y los siete que han tenido que abandonar el país. Kostiantin Berezhnij, vicepresidente de Epicentr for Children, ha explicado que la guerra ha supuesto “una nueva realidad para la que nadie puede estar preparado”. Como tal, señala la transformación “inmediata” que ha supuesto, tanto para las personas atendidas en los siete centros socio-deportivos de que disponen, como para los trabajadores.

Las siete escuelas ayudan a 600 niños en situaciones de pobreza extrema, en situación o riesgo de exclusión social. Con la guerra, sus actividades formativas y asistenciales – entrenamientos deportivos, clases de inglés, sesiones con los trabajadores sociales, entre otras- se han convertido, además de en un refuerzo, en un refugio. Así lo ha contado Tania Yednakovska, coordinadora en terreno de Epicentr for Children, en un vídeo que se ha proyectado en el diálogo. La trabajadora ha asegurado que el horario cambia constantemente por las sirenas, las amenazas de bombardeo o disparos o los cortes de energía. “En Ucrania, el término ‘zonas de conflicto’ ya no existe. Toda Ucrania es una zona de conflicto”, ha recordado Berezhnij. “Los niños, ahora más que nunca, necesitan todo nuestro apoyo y tiempo”, afirma Tania.

Ellos, como trabajadores, buscan distraerlos de la pesadilla de la guerra. Deben “ser fuertes” y no mostrar preocupaciones. Esa tarea no es fácil, empezando por los profesores, entrenadores y trabajadores sociales. “Si antes los entrenadores atendían a diario a los niños para el deporte, parte de esos entrenadores están combatiendo, fueron llamados a filas. Ya no solo entrenan, sino que están con ellos y los apoyan durante el tiempo que suenan las sirenas, o cuando toca estar en los búnkeres”, explica Berezhnij.

Los trabajadores sociales también tienen que multiplicarse ante tanta necesidad. Los talleres recreativos, las clases o la atención habitual han cambiado por la atención y acogida a familias desplazadas en todo tipo de necesidades. Estos centros se han transformado también para responder al conflicto, ya que han servido de puntos de referencia para el traslado de familias.
Esta transformación de la que habla el vicepresidente de Epicentr for Children es posible gracias a la colaboración con otras entidades e instituciones como CESAL o la Fundación Real Madrid. Para que esa transformación permanezca, ha pedido fortalecer y continuar esa colaboración. “Contra la guerra, puedes huir, puedes luchar, puedes enfrentarte y hacer resistencia, cada uno en su sector, pero lo que realmente ayuda a enfrentar a esta situación es la respuesta conjunta”, ha subrayado.

Julio González Ronco, director gerente de la fundación Real Madrid, se ha sumado a esa reclamación, poniendo el acento en que es la solidaridad lo que mantiene viva la respuesta en España y en Ucrania. “Dios es el Señor de la historia, nosotros los dueños del instante. Lo importante es que sigamos vinculados a la idea de que la solidaridad nace de la continuidad. No hay nada más horroroso ni injusto que la guerra”, ha manifestado. También ha recordado que “esto no es una emergencia, todavía dura”.

La duración de la guerra y la crisis en Ucrania se prolonga a nuestro país, de donde sale ayuda y se presta a quienes vienen en su busca. El compromiso de las instituciones públicas y privadas, de las empresas y sus trabajadores, permite abarcar necesidades de toda clase. Germán Bautista, director de negocio, grandes cuentas y clientes de CASER, ha reconocido
que, para ello, es clave contar con una ONG como CESAL que pueda vertebrar y organizar todos los esfuerzos individuales. Esfuerzos individuales, como el de Tatiana, que son de gran utilidad y valor. Tatiana llegó hace cinco años a España e hizo su itinerario de integración con CESAL. En la actualidad, ayuda como traductora a sus compatriotas que vienen buscando asilo. Traduce palabras, pero también historias de personas que han perdido a sus familiares y su hogar. “Es muy duro para mí. Puedo llorar con ellos. Pero me hace feliz que la gente me diga ‘gracias’ cada día. Una señora me dice ‘mi angelito’, que sin mí no puede vivir aquí”, ha expresado, emocionada.

Por su parte, Bautista ha presentado el decálogo de acciones que su compañía realiza, y realizará, para prestar su apoyo a las personas refugiadas en distintos campos, como el sanitario, jurídico, psicosocial o cultural. Del mismo modo, considera que “aquí también hay necesidades que cumplir”. La vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, ha intervenido en vídeo para reforzar la idea de la unidad como mejor forma de acometer un drama de estas dimensiones. “La colaboración público-privada es el modo más fecundo de responder”, ha señalado. Asimismo, ha destacado el papel de CESAL en este aspecto y el proyecto de atención psicosocial de familias y envío de alimentación a zonas de conflicto, en el que colabora con varias ONGs.

En Venezuela, la situación también ha supuesto que 7 millones de personas, el 50% de la población activa, tengan que salir buscando un futuro. Dentro de sus fronteras, esta salida de población mina las posibilidades de desarrollo, agravando la situación. Tanto en las personas que salen, como en las que permanecen, se lee la huella de la crisis. Alejandro Marius, presidente de la Asociación Trabajo y Persona, ha recordado que, junto a la crisis, es posible un camino de esperanza. A través de la labor de la entidad que preside, cerca de 2.000 personas han recibido formación para seguir luchando por su futuro. Esa formación resulta gratificante de promover y significa, en sus palabras, dignidad. “Brindamos oportunidades para que, a través del trabajo, puedan renacer, recuperar una dignidad con la que estar ante la vida”, ha afirmado.

Se trata del fruto de todo un proceso, en el que también les aportan acompañamiento. “Es bello cómo se empiezan a convertir en protagonistas de su vida. Ver cómo dando oportunidades, formándolas y acompañándolas, las personas pueden descubrir el sentido de su vida”, ha explicado. Muchos de los que permanecen en el país lo hacen con previsión de salir de él. Perú es uno de los destinos a los que intentan llegar. El camino, de más de 3.000 kilómetros, está cargado de cansancio y sufrimiento adicionales (tráfico de drogas, explotación sexual, etc.), que se suman al abandono forzado de sus raíces. Jessica Martín, que trabaja con inmigrantes venezolanos, ha observado cómo el país que los recibe lee en sus rostros preguntas que nunca habían afrontado, como “¿por qué acoger al que llega? ¿Por qué invertir en esas personas cuando la situación del país es de pobreza dramática?”. Las respuestas las encuentra, y las ha visto, llevando a cabo su labor. “He visto personas alegres porque estás respondiendo a la situación de otro que también lo está pasando mal”, ha explicado. Esa identificación con el otro en la pobreza le borra del rostro el ser “un desconocido” para nosotros. Por esa razón, ha invitado a “estar presentes ante lo que tenemos delante”, porque “esta forma de estar no caduca nunca”.

Otra forma de estar es la de Fernando, formador en la Quinta de Los Molinos. Considera su trabajo y su aprendizaje en el día a día con los jóvenes a los que instruye una forma de combatir la crisis. “El formar jóvenes es una tarea muy bonita, porque te lleva a conocerlos interiormente, a conocer sus historias sin prejuicios, saber el contexto de lo que ellos viven, cuestionarte a ti mismo y avanzar en tus creencias”, ha contado. Su propia vocación se confirmó en las cocinas de la Cena Solidaria por Ucrania, que coordinó CESAL, país hermanado con el suyo por la crisis, pero también por una esperanza que aspira
a desarmarla. “Allí me encontré a mucha gente dispuesta a ayudar, a conocer las historias y a mejorar como ser humano. Me quedan muchas cosas por aprender. Hay que continuar trabajando para que el futuro sea mejor”, ha señalado.

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